Se trata de análisis conscientemente eclécticos, críticos y deconstructivos; no pretenden ofrecer un modelo único para todos los casos y no responden a límites disciplinarios establecidos. Se trata de una experiencia transdisciplinaria que toma elementos de la crítica literaria, la teoría social, la comunicación social o la semiótica.
Tres libros ayudaron a delimitar el nuevo territorio. The uses of Literacy (1957) de Richard Hoggart se propuso una "lectura" de la cultura de la clase trabajadora en pos de los valores y significados encarnados en sus esquemas y disposiciones, como si fueran "textos". La aplicación de este método a una cultura viva y el rechazo de la diferenciación entre alta y baja cultura, constituyó una verdadera novedad.
Culture a
nd Society; 1780-1960 (1958) de Raymond Williams (1921-1988) trabajó con los dos términos del título como una unidad. En lugar de considerar la cultura como un ejemplo ilustrativo de la sociedad o a esta última como el contexto en el que se desenvuelve la cultura, hace hincapié en las relaciones entre ambas, sin priorizar a ninguna de ellas. Concibe a la cultura como el proceso social constitutivo creador de "estilos de vida" específicos y diferentes. Es, entonces, el ámbito de convergencia de intereses, un área de permanente tensión.A su vez, Making of The English Working Class (1963), de Edward. P. Thompson (1924-1993), que de hecho pertenece a este "momento", aunque cronológicamente haya aparecido un poco después, también fue "pensado" dentro del marco de la historiografía marxista inglesa, la historia económica y "del trabajo". Pero hizo una ruptura decisiva respecto de cierto tipo de evolucionismo tecnológico, reduccionismo economicista y determinismo organizacional al relevar los asuntos de la cultura, la conciencia y la experiencia poniendo el acento en la cuestión de "la agencia".
En conjunto estos tres libros constituyen la cesura de la cual emergieron -entre otros factores- los "Estudios Culturales". No se trató de "libros de texto" para la fundación de una nueva sub-disciplina académica, sino que estos autores comenzaron a utilizar en sus clases con adultos la literatura o música populares, el periodismo, los programas de televisión, el cine, etc. en relación con el contexto. Durante los años sesenta, este tipo de estudios se institucionalizó en la Universidad de Cambridge y en otros centros, adquiriendo niveles más elevados de rigor crítico y erudición, pero perdiendo contacto con esa realidad de la cual partió.
Históricos o contemporáneos, los enfoques de los Estudios Culturales estuvieron a su vez enfocados por, organizados a través de y constituidos como respuestas a, las presiones inmediatas del tiempo y la sociedad en que fueron escritos. No sólo tomaron la "cultura" como una dimensión sin la cual las transformaciones históricas, pasadas y presentes, simplemente no podían ser adecuadamente pensadas, sino que fueron en sí mismos "culturales". Obligaron a sus lectores a prestar atención al hecho de que "concentrados en la palabra cultura hay asuntos directamente planteados por los grandes cambios históricos que las transformaciones en la industria, la democracia y la clase, cada una a su modo, representan, y frente a las cuales los cambios artísticos resultan respuestas estrechamente relacionadas".
Es decir, la propia concepción de "cultura" es democratizada y socializada. Ya no consiste en la suma de "lo mejor que ha sido pensado y dicho", considerado como cúspide de una civilización lograda, aquel ideal de perfección al que, en anteriores usos, todos aspiraban. El "arte" -que hasta esos momentos tenía asignado un lugar de privilegio como piedra de toque de los más altos valores de la civilización- es redefinido sólo como una forma, especial, de un proceso social general de conferir y retirar significados en el lento desarrollo de una cultura común. Dejó de estar fuera de un todo sólido, la sociedad, y pasó a formar parte de ella. De esta manera, estos estudiosos discutían no sólo con los que consideraban a la cultura y el arte desde un punto de vista idealista, sino también con los marxistas ortodoxos. Al considerar como cultura todas las prácticas sociales se enfrentaban a la división clásica base/ superestructura que adscribía a las ideas al segundo de estos términos y las consideraba como meros reflejos y determinaciones simples de la "base", sin una efectividad social propia. Tendieron a leer las estructuras de relación en términos de cómo ellas son "vividas" y "experimentadas".
En la Argentina, el culturalismo británico fue retomado por obras tales como Sectores populares, política y cultura: Buenos Aires en la entreguerra, de Leandro Gutiérrez y Luis A. Romero. La revista Punto de Vista introdujo desde fines de la década del setenta textos referenciales de los cultural studies. Este último campo cuenta actualmente con ámbitos institucionales y cultores como Beatriz Sarlo (análisis cultural), Pablo Alabarces (el deporte) y Adrián Gorelik (historia urbana). Otros ejemplos asociados con las artes plásticas lo constituyen José E. Burucúa y Laura Malosetti Costa, entre otros.
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